lunes, 14 de enero de 2013

Aquieta tu mente y libérate del estrés con tu respiración

Según la Biblia, Dios insufló el aliento en los cuerpos de los hombres, de forma que cobraron vida. Este es un ejemplo más de cómo las antiguas tradiciones otorgan una gran importancia a la respiración como elemento Vital. Otro ejemplo, es la tradición yóguica, que posee toda una ciencia de la respiración llamada Pranayama.
Según el Pranayama, la respiración no sólamente nos llena de oxígeno, sino que nos permite captar el Prana, la energía vital, de la atmósfera, y emplearla en nuestros cuerpos para sanar órganos, tranquilizar la mente, etc. 
Hoy en día, con los niveles de estrés por las nubes debido al estilo de vida occidental, es de gran ayuda conocer esta herramienta tan sencilla. La respiración, bien empleada, consigue desactivar el sistema nervioso simpático y conectar el parasimpático.
El sistema nervioso simpático se encarga de protegernos de peligros externos, activa el estrés y nos prepara para la lucha y la huida. Esto está bien en situaciones de riesgo, el problema se da cuando la situación se alarga más de lo debido. Entonces el cuerpo no puede recuperarse como debiera y empiezan a aparecer problemas de salud.
Sin embargo, cuando el sistema parasimpático es el que gobierna el cuerpo, entramos un un estado de relajación y recuperación; disminuyen las hormonas del estrés y el cuerpo comienza a repararse.

Con la respiración puede activarse de forma sencilla el sistema parasimpático: Cuando la exhalación es el doble de larga que la inhalación, el nervio vago (que va desde el cuello a través del diafragma) envía una señal al cerebro para activar su sistema nervioso parasimpático y desactiva el sistema nervioso simpático.

Pruébalo con este sencillo ejercicio. Incluso puedes realizarlo en la oficina.

1. Siéntate en una silla en un lugar tranquilo con las manos sobre los muslos y cierra los ojos.
2. Inhala durante 4 segundos. Pausa natural. Exhala 8 segundos. Pausa natural.
3. Realiza este ejercicio durante unos minutos. Enseguida empezarás a notar cómo tu cuerpo se relaja.

Puedes modificar los tiempos como te resulte más cómodo (3 segundos de inspiración y 6 de exhalación, por ejemplo) pero manteniendo siempre la regla de que la exhalación ha de ser el doble de la inhalación.


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